Revolución Fintech: ayudemos a explicar el nuevo paradigma

Durante los últimos años, el crecimiento del sector Fintech logró una disrupción inédita en la industria bancaria. Por eso no es una sorpresa que las inversiones y proyectos Fintech sigan multiplicándose.

Aunque esto ya parece obvio para quienes estamos cerca de la industria hay algunos datos duros que confirman la consolidación de este vertical:

– La buena noticia es que el 2015 registró un récord de deals en Fintech en todo el mundo con un valor de más de 24 mil millones de dólares, un número más alto que los 5 años anteriores combinados.  Pero la mala noticia es que la contribución de Latinoamérica en este crecimiento es aún marginal, dejando a miles de emprendedores sin  acceso a recursos financieros  para su crecimiento y escala.

– Un reporte reciente afirma que, a nivel mundial, el 60% de los bancos está considerando aliarse o adquirir una empresa Fintech.

– El 90% de los ellos, considera que las Fintech son ya una amenaza o lo serán en los próximos tres años.

– El 60% cree muy probable que en los próximos años surja un Uber bancario.

– Y el 90% considera clave el papel de la legislación para ralentizar la aparición de nuevos agentes.

La ola Fintech afecta y afectará para siempre nuestra relación con los servicios financieros: está cambiando a los bancos, a los emprendedores, a los inversores y hasta los medios de comunicación, que algunas veces no llegan a comprender la profundidad y las particularidades de estas transformaciones.

Por ello, quienes trabajamos con el sector Fintech seguramente tengamos la tarea de evangelizar y concientizar sobre las características de una revolución que no tiene vuelta atrás. Aunque algunas movidas de los bancos y corporaciones puedan parecer arriesgadas, cuando uno mira el “big picture” sabe que a largo plazo la apuesta por la transformación Fintech no sólo es necesaria, sino que inevitable.

Por ejemplo, en España es palpable la razón por la cual la banca tradicional está apostando por el segmento Fintech. Según el Informe Mundial de Banca Minorista 2016 el 70% de los españoles utiliza productos o servicios Fintech, mientras que  96% de los directivos de la banca tradicional coincide en que el sector evoluciona inexorablemente hacia un ecosistema digital.

Y aunque la revolución Fintech nació en el contexto de las economías más desarrolladas, su impacto se siente con fuerza en mercados como el de América Latina.

Aunque aún queda mucho por avanzar, sobre todo en la cantidad de inversiones desde las corporaciones, la banca tradicional sabe perfectamente que tiene que cambiar. Según el informe de Business Insider citado más arriba, América Latina es la región del mundo donde la industria bancaria tiene mayor tendencia a asociarse con empresas Fintech. Así, 38% de los bancos de la región ven a las Fintech con buenos ojos para ser aliados, mientras que otro 22% las considera como posible adquisición.

Esto va en línea con lo que un columnista de Forbes llama La Tercera Ola” del fenómeno Fintech:

  • La primera fue la aparición de este vertical, en respuesta a la crisis económica de 2008,
  • La segunda mostró las señales de una industria que tomó nota de la necesidad de innovación (por ejemplo con la creación de los centros de innovación)
  • Y, ahora estamos asistiendo a la tercera etapa: la colaboración codo a codo entre banca y startups para tomar lo “mejor de los dos mundos” y producir sinergias beneficiosas para todos los actores involucrados.

 

Por lo tanto,  aún hay mucho pensar del lado de la industria bancaria que,  afectada por la disrupción que las startups están generado, debería enfocarse en:

  1. Adaptar su cultura al nuevo escenario,
  2. Entender que eternamente la legislación no los va acompañar/ favorecer,
  3. Atraer nuevos talentos que se sientan más cómodos ante este desafío,
  4. Destinar un presupuesto acorde con los objetivos de innovación que persiguen.
  5. Y, por sobre todo, no fagocitar el poder transformador de las startups cuando las adquieren o realizan algún tipo de alianza estratégica.